Retuérceme



Se conocian, no se habían visto en esta vida, pero lo supieron en cuanto se presintieron. Al poco tiempo, su cama tenía tantas arrugas como ella poros en su suave y salvaje espalda, la misma que a ratos se curvaba y retorcía igual que una cálida y dulce masa en manos de un experto panadero.

La mesilla tenía marcas como surcos en la frente de la vida, fruto del roce intenso de su cabello largo y sedoso con la madera. Fue tan salvaje que tuvieron que parar para reconocerse, pues a cada impulso de su cerebro, a cada musculo apretado, a cada envite de sus ganas, se movian incontroladamente los dos. 

De haber tenido tiempo le hubiera gustado decirle que le tomara de la mano y apretara hasta que doliera; que le susurrara al oido tan cerca que sus carnosos labios le acariciaran sus pensamientos; que le arañara la espalda como si no hubiera un mañana, que le abrazara con sus piernas con tanta intensidad que ni ellos supieran donde acababa uno y donde empezaba el otro; y que le besara, que le besara tan fuerte, que tuviera que respirar a través de ella. 

Pero no había tiempo, no habría un mañana, no había sitio donde esconderse, no había mejor sitio para condenarse, para perderse. Su boca jadeaba como un pez que huye de una pecera de agua hirviendo, por sus muslos resbalaba el rocío del principio del final; y aunque sus pechos ya tendrían para siempre la forma de sus manos, su sentido se nublaba cada vez que ella parpadeaba anunciándole su marcha. No se podía morir en mejor lugar, no se podía tener peor suerte; despues de esa tarde, no se podía esperar nada mejor y más corto que la muerte.

La vio levantarse, y apretó su súplica; no te vayas, no te vistas, no te vuelvas. Prometo no recordarte, juro no olvidarte... y ella, despareció para siempre como un sueño no contado. Una vez a solas, con la mirada en el suelo, irguió su dolorido cuerpo y recordó el tacto de sus dedos por su espalda recorriendo sus vertebras como teclas de un piano de marfil caliente, soplándole al oido como la brisa bajo un puente, y el sabor de su pelo y el olor de sus labios como un amargo sueño retorciéndose en su vida, burlándose de su suerte.

Ningún consejo os doy

Ningún consejo os doy

Bueno no, bueno sí..., ningún consejo os quiero dar, prefiero que lo cojáis si queréis, que lo recodéis si lo deseáis y que lo olvidéis para que funcione.

Os pido que seáis niños siempre, no de cuerpo que no podréis, ni de alma por si no hay, ni de espíritu por que no sé lo que es; sino que congeles lo que ahora sientes, lo que ahora experimentas, lo que ahora pruebas, lo que te pasa por dentro cuando saltas en un charco, lo que te sube por espalda cuando te quitas la zapatilla de una patada al aire y la cuelas en la cama, y te mueres de la risa. Quiero que lo guardes, lo empaquetes entre el pecho y los ojos y luego lo sueltes por tus venas, que no se pare nunca, que no deje de girar, que te digo yo que si no lo mueves se para, si no lo mueves se muere.

Quiero además, que no olvides lo que ves, que no olvides lo que hago, que no olvides lo que digo; para que no lo repitas, para que no me imites; quiero que no lo olvides para que lo guardes en el fondo y no lo saques salvo para comparar con lo que tú has hecho, con lo que harás...,que si todo ha ido bien, será todo lo contrario.

Os pido, te pido; que no dejes de correr, que no dejes de mirar, que no dejes de tocar, de oler, de pensar con la mirada, de cantar por dentro, de transportarte a tu mundo como cuando te llevo de la mano y lo unico que te sujeta a la tierra como un cordel a un globo cautivo es mi brazo. Cuando crezcas, sigue saltando en los charcos, en los bordillos, no pises las rayas de los pasos de peatones, salta por fuera y por dentro, como si quisieras romper la caja de un juguete, así, después, lo harás sin pensar y así cuando te miren y te señalen te morirás de la risa y a la vez te entristecerás un poco, porque él no sabe, no supo y no sabrá.

Otra cosa me gustaría, no quiero que mientas salvo que no puedas decir la verdad, no quiero que hagas daño a nadie, salvo que te lo pida, no quiero que debas nada a nadie salvo que te lo regale sin querer, y sobretodo no quiero decirte todo esto, porque ya lo sabrás.

Quiero que por las noches te caigan las dos piernas por cada lado de la cama, que renueves las ganas de despertar cada anochecer, que disfrutes viendo tus párpados caer porque mañana habrá más, que beses o te besen antes de irte a dormir y que el mundo te deba el ser y el estar.

Todo esto te lo digo, porque no venian las instrucciones de como actuar, de como sentir, de como aprender, de como disfrutar, y seguramente, paso más tiempo riñendo que mirando, lamentando que besando, más tiempo actuando que riendo. Lo mio ya no se puede cambiar, lo puedo cubrir, se puede tapar, lo puedo ignorar, pero si me asomo lo veo en el fondo, esperando a salpicarme. Pero como tenemos un trato, me lo perdonas, y lo olvidas y me quieres y no te importa y me demuestras cada día, me demostrais cada día que con eso y poco más es con lo que se debiera querer vivir

No os digo nada más porque no debeis saberlo, si os lo cuento se esfuma, si os lo digo se desvanece, son las cosas que tendréis que descubir y que yo os explicaré cuando ya las sepais.

Vuestro padre.

Historia de la Aldea sin nombre



A mis compañeros/as

Cuentan los mas viejos del lugar, que en un lejano desierto de oriente existió una aldea  en un cruce de caminos. La aldea fue creada por varios reinos cercanos para mejorar la vida de los habitantes de los poblados vecinos. A ella fueron llegando gente de diversa condición para desempeñar diferenfes oficios. Todas las mañanas, al amanecer antes de atender sus obligaciones tanto dentro de sus muros como ayudando a las gentes de poblados cercanos, sus habitantes se reunian en la plaza junto al pozo para compartir el desayuno y contar historias y sueños. Luego, el jefe del poblado, repartia las tareas y despachaba con sus consejeros y consejeras. Durante años llegaron a la aldea gente de diversos lugares, gente creativa y muy valiosa que a medida q se marchaban dejaban en la memoria de los demás, reuerdos y experiencias que enriquecian la conciencia común de la aldea.

Sus habitantes, a pesar del trabajo y de los problemas de la región, buscaban siempre un rato para compartir con sus vecinos sus miedos, sus alegrias y sus proyectos; así al anochecer si el viento era favorable se enviaban pequeños mensajes de casa en casa atando pequeños trozos de pergaminos a las semillas de la planta del wasara que impulsada por el viento podia llegar a cientos de codos de distancia. Así, si no se habian visto al amanecer, o alguien estaba enfermo o decaido, podian saber que novedades habian sucedido durante la jornada en cada casa, y otras veces, unicamente inventaban historias para hacer reir y hacer felices a sus convecinos.

Durante años en la aldea fueron felices a su manera y aunque sus corazones se llenaban de alegria con cada nuevo habitante, su espíritu se desgarraba un poco con cada partida, de forma que al despedir al que se marchaba, compartian una oracion en la que le deseaban un pronto reencuentro.

Sin ser ajenos a los vientos de cambio de la era que les tocó vivir, se decian unos a otros que habia màs vida fuera de sus muros, que si los Dioses decidian que llegaba el momento de abandonar la aldea, llevarian en sus corazones el calor de la compañia, el olor de la noches de lluvia,  el sabor de un té al atardecer y la sabiduria de las vivencias compartidas.

A veces pasaban cerca de sus muros caravanas de comerciantes que les hablaban de aldeas parecidas, incluso más poderosas, que habían sucumbido a los caprichos de los principes que las crearon y ahora sólo quedaba de ellas sus edificios vacios de gente pero llenos de orgullos pasados y logros conseguidos. Otras veces, algun pequeño destacamento de tribus rivales, los señalaban desde el horizonte desafiantes en la creencia que derribando sus muros y separando a sus habitantes lograrian borrar en el tiempo el legado de la aldea.

No se sabe que fue realmente de ella,; pues las arenas del tiempo borraron aquella era de entrega y pasión a pesar de las adversidades, de las intrigas de los principes y califas, de la escasez de lluvias y grano, de la envidia de corazones vacíos. Pero cuentan que alguien que conoció a uno de sus primeros moradores, llevaba escrito cerca de su corazón los nombres de todos los habitantes que por ella pasaron y que no pasó un sólo día de su vida sin dar gracias a los Dioses por haberle puesto en el camino de gente tan extraordinaria y singular.

Os deseo de corazón que os pase lo que verdaderamente deseeis que ocurra.
Diciembre 2012