Tras la última noche, le dijo al despedirse:
-No te preocupes, que mientras mi conciencia sea consciente, no me olvidaré de olvidarte.
Paseando un rato por su memoria se la encontró de frente, y como no pudo darse la vuelta; abrió los ojos.
A su paso, sintió aquel frío familiar en la palma de las manos, como cuando de niño pasaba la tarde contemplando el escaparate de la pastelería de su barrio.
Su destino le contestó que ella no aparecía en la lista.
Él, con una leve sonrisa, le acercó un bolígrafo y le dijo - si eres tan amable..
Ella le preguntó por una dirección, pero en el fugaz instante en que sus miradas se encontraron, pensó "...ya no quiero ir" y él en cambio susurró "...estoy perdido".